El más digno homenaje a la vida
¿Cómo se originaron los recintos funerarios?

¿Cómo se originaron los recintos funerarios?

A través de las prácticas funerarias se puede tener un acercamiento a la vida pasada de los pueblos, sus costumbres, miedos y creencias que subsisten y permanecen en el orden social.

Durante milenios, los seres humanos se creyeron el centro del universo, el pueblo elegido que había heredado la Tierra. Después, el relato comenzó a cambiar. Las teorías evolutivas mostraron que compartimos ancestros con todos los animales que pueblan el planeta y los astrónomos nos colocaron en las afueras de una galaxia entre miles de millones.

Hay animales que se lamentan cuando muere alguien cercano, que se consuelan y que saben que lo sucedido es irreversible. Pero ninguno honra a sus muertos con los complejos rituales humanos. Por ahora, además de nuestra especie, solo los neandertales parecen gozar o sufrir de la capacidad de asumir su mortalidad y la de sus iguales.

Los primeros en hablar de rituales funerarios más allá de los Homo sapiens fueron los hermanos Jean y Amédée Bouyssonie, dos curas católicos que en 1908 descubrieron los restos de un neandertal de hace 50.000 años en la cueva de La Chapelle-aux-Saints, en Francia. Según los Bouyssonie, la posición fetal del cuerpo y las herramientas que lo acompañaban en la zanja donde lo encontraron apuntaban a un entierro intencionado. Abundando en la especulación, sugieren que los autores de aquel ritual tenían capacidad simbólica y creían en una vida después de la muerte.

Estudios sobre los sistemas de enterramientos prehispánicos en territorio mesoamericano posiblemente respondieron a la necesidad cosmogónica de representar tradiciones mágico-religiosas, hay entierros dedicatorios que fungieron como ofrenda a una deidad, en la celebración de una ceremonia o al construir un edificio, los ejemplos más estudiados son los de Teotihuacan.

La cremación de cuerpos fue practicada desde épocas tempranas en sitios como Zohapilco y Tlatilco, en el Altiplano Central y gracias a algunos de los códices prehispánicos como los mixtecos y a crónicas coloniales hechas por los frailes Diego Durán, Toribio de Benavente Motolinía y Bernardino de Sahagún se sabe que su práctica continuó hasta la época del contacto con los europeos.

Los entierros humanos en contextos arqueológicos y las costumbres funerarias ayudan a distinguir la composición física de una población, su interacción con otros pueblos, su desarrollo social, tecnológico y económico, además de los fenómenos de cambio cultural.
Todavía hay mucho que estudiar y descubrir pero lo que es seguro, es que desde el principio de nuestros tiempos los seres humanos hemos honrado la vida y la partida de nuestros allegados de diferentes maneras.

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